Uno de las muestras más claras de este procedimiento lo podemos encontrar en autores del Siglo XVII: así, por ejemplo, el dramaturgo barroco Pedro Calderón de la Barca, (1600_1681), que llevó a la perfección el subgénero dramático alegórico a través de los autos sacramentales, construye personajes que son en realidad alegorías de conceptos abstractos. En uno de ellos, define así la alegoría:

La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entrambas.


Otro ejemplo, lo encontramos en estos versos de Félix Lope de Vega (1562-1635):


Pobre barquilla mía [vida]
entre peñascos rota [dificultades]
sin velas desvelada [indefensa]
y entre las olas sola”[peligros]



“¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro !
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
rompe la tela de este dulce encuentro”

San Juan de la Cruz (1542-1491)


“ Hoja seca solitaria
que te vi tan lozana ayer
¿Donde tu polvo cubierta
vas a parar ? No lo sé.
Lejos del nativo ramo
me arrastre el cierzo cruel,
desde el valle a la colina,
del arenal al vergel”
J. M. Gallego


Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos
andamos, mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos
así que cuando morimos
descansamos.
Jorge Manrique, (1439?-1479)
Coplas a la muerte de su padre




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